El boom inmobiliario que hemos vivido durante décadas provocó la construcción acelerada de cientos y miles de viviendas y pisos a lo largo de todo el país. El hecho de que las personas interesadas en comprar superaran con creces al número de viviendas disponibles, “empujó” a los profesionales de la construcción a edificar rápidamente, sin reparar en las calidades físicas de las obras e independientemente de los altos importes que se pagaban por ellas.

